Anika entre libros

Para matarte mejor

Ficha realizada por: Violeta Lila
Para matarte mejor

Título: Para matarte mejor
Título Original: (Little Red Death, 2025)
Autor: A. K. Benedict
Editorial: Duomo
Colección: Nefelibata


Copyright:

© 2025, A.K Benedict Ltd, 2025
© 2026, de la traducción, Gemma Deza Guil
© 2026, de esta edición: Antonio Vallardi Editore S.u.r.l., Milán

Traducción: Gemma Deza Guil
Edición: 1ª Edición: Marzo 2026
ISBN: 9788410346680
Tapa: Blanda
Etiquetas: asesinatos folklore género negro narrativa literatura inglesa novela terror cuentos clásicos culpa pasado bosques policía investigación criminal escritoras identidad
Nº de páginas: 384

Argumento:

La inspectora Lyla Rondell se encuentra ante el caso de su vida. Encargada de investigar una serie de muertes desconcertantes, la única pista que tiene es que cada crimen parece inspirado en un cuento clásico. Pero no hay nada de inocente ni mágico en lo ocurrido, y la prensa está disfrutando con lo que han bautizado como «los asesinatos de Grimm el Destripador». A medida que se acumulan los cadáveres, Lyla se da cuenta de que todo su mundo está a punto de ponerse patas arriba: el rastro sangriento del asesino se adentra en su propia historia, y cuando descubra la verdad, nada volverá a ser lo mismo.

 

Opinión:

 

Los cuentos de hadas nunca fueron pensados para ser seguros. Mucho antes de que Disney los suavizara o los puliera para la hora de dormir, las historias recopiladas por los hermanos Grimm eran realmente sombrías, llenas de lobos, sangre, traición y la extraña lógica de las pesadillas. En "Para matarte mejor", A. K. Benedict recupera ese linaje más oscuro y lo integra en una audaz novela negra que comienza como un procedimiento policial y, lenta y deliciosamente, se transforma en algo mucho más extraño.

A primera vista, la premisa resulta casi familiar. La detective Lyla Rondell es asignada a investigar una serie de asesinatos que la prensa ha bautizado con morboso entusiasmo como los crímenes del Grimm el Destripador. Cada escena del crimen evoca un cuento de hadas distinto, aunque no las versiones suavizadas que la mayoría de los lectores conoce. Estos asesinatos se inspiran en la esencia más cruda del folclore: violencia, castigo y transformación. A medida que el número de cadáveres aumenta, también lo hace la sensación de que el asesino no se limita a montar una macabra teatralidad, sino que está tejiendo una narrativa deliberada que parece diseñada específicamente para Lyla.

Sin embargo, Benedict no parece demasiado interesada en ofrecer un simple thriller de gato y ratón. Poco a poco, la novela se revela como un laberinto donde se entrelazan la novela negra, el terror psicológico y el metacomentario literario.

La historia se desarrolla desde dos perspectivas principales. Por un lado está Lyla Rondell, solitaria y obsesiva, heredera directa de los grandes detectives de la ficción. Mientras sigue las pistas ocultas en cada grotesco escenario inspirado en cuentos de hadas, los asesinatos empiezan a adquirir un tono inquietantemente personal, vinculándose con fragmentos de su propio pasado y con el misterio persistente de una amiga de la infancia que desapareció años atrás.

En paralelo se desarrolla la situación de Katie, una escritora de novela negra que permanece cautiva del asesino. Obligada a crear relatos de asesinatos inspirados en cuentos de hadas que luego él recrea en el mundo real, Katie se convierte al mismo tiempo en cómplice involuntaria y saboteadora secreta. Su supervivencia depende de la narrativa. Cada historia que escribe debe satisfacer a su captor y, al mismo tiempo, contener pistas lo bastante sutiles como para guiar a la policía.

El concepto resulta inmediatamente inquietante. Benedict juega con la aterradora posibilidad de que la ficción se convierta en un arma y de que la imaginación, una vez desatada, pueda desdibujar la frontera entre historia y realidad. El planteamiento genera una tensión psicológica casi claustrofóbica, aunque la autora pronto empuja la premisa hacia un terreno mucho más surrealista.

Ese desplazamiento del thriller policial hacia algo más oscuro y extraño es precisamente donde la novela se vuelve verdaderamente memorable.

Hacia la mitad de la historia, la narración introduce un giro audaz que recontextualiza todo lo que el lector creía entender. Es el tipo de giro que conviene afrontar sin demasiada información previa, porque explicar su mecanismo sería un auténtico acto de vandalismo literario. Basta decir que Benedict abraza por completo el ADN de cuento de hadas de la historia, permitiendo que la narrativa pase del realismo crudo a algo más onírico e inquietante.

El resultado es una novela que se niega a permanecer dentro de los límites de un solo género. Los lectores que se acerquen esperando una investigación policial convencional quizá se sientan momentáneamente desorientados. Pero quienes acepten la extraña lógica de la propuesta encontrarán una historia tan lúdica como desconcertante.

El uso de los cuentos de hadas resulta especialmente efectivo. En lugar de limitarse a guiños superficiales, Benedict bebe directamente de las versiones originales de los hermanos Grimm, relatos brutales y simbólicos donde la justicia es rápida, el castigo cruel y la magia rara vez se comporta con cortesía. Cada escena del crimen se convierte así en una reinterpretación grotesca de estas historias, transformando el folclore en un rompecabezas forense.

La novela también se deleita en su propia autoconciencia literaria. A lo largo del libro aparecen fragmentos de los relatos que escribe Katie, permitiendo al lector asomarse al proceso creativo que alimenta los crímenes del asesino. Estos pasajes cumplen múltiples funciones: amplían el misterio, enriquecen la textura narrativa y refuerzan uno de los temas centrales de la obra, la idea de que las historias moldean la realidad con más fuerza de la que nos gustaría admitir.

En el centro de todo se encuentra Lyla Rondell, una detective sorprendentemente compleja. Su mente se mueve con rapidez, a veces de forma caótica, y Benedict retrata su TDAH no como una limitación, sino como una perspectiva particular desde la que procesa el mundo. El resultado se siente reflexivo y auténtico, lo que ancla emocionalmente la novela incluso cuando la trama comienza a deslizarse hacia territorios cada vez más surrealistas.

La conexión personal de Lyla con el caso añade un peso emocional significativo al misterio. A medida que las pistas apuntan hacia su pasado, y especialmente hacia la desaparición de su amiga de la infancia, la investigación deja de ser solo un deber profesional y se convierte en un intento de reconciliar memoria, culpa e identidad.

Katie, por su parte, ofrece la perspectiva más angustiosa de la historia. Su cautiverio se narra con una tensión creciente mientras oscila entre la obediencia y la rebelión. Escribir se convierte simultáneamente en su prisión y en su única forma de resistencia.

La interacción entre ambas mujeres constituye el núcleo emocional de la novela. Lyla busca la verdad mientras Katie fabrica ficción, pero las dos libran la misma batalla: recuperar el control de una narrativa que amenaza con devorarlas.

Gran parte del atractivo de la lectura reside también en su ritmo. Benedict mantiene la historia en constante movimiento, encadenando revelación tras revelación sin sacrificar la atmósfera. La novela posee la energía propulsiva de un thriller, pero también la textura inquietante de un cuento de hadas oscuro, donde el lector siempre sospecha que la siguiente página podría conducir a algo perturbador.

Y ahora prepárate, amigo lector, para el desenlace, porque vas a leer un final que no decepciona.

La autora ofrece una conclusión tan audaz como su premisa, una resolución que replantea toda la historia sin perder coherencia. Algunos lectores pueden encontrar las revelaciones finales casi provocadoras, pero resulta difícil negar la satisfacción con la que todos los hilos narrativos terminan por converger.

Quizá los lectores que prefieran misterios más directos se sientan momentáneamente desconcertados por los giros más fantásticos de la novela. Pero quienes estén dispuestos a seguir a Benedict por los senderos más oscuros del folclore encontrarán una experiencia de lectura absorbente, inquietante y deliciosamente impredecible.

Y es que, en un panorama literario saturado de thrillers previsibles, esta novela destaca precisamente por atreverse a ser extraña. Benedict combina novela negra, terror y surrealismo de cuento de hadas en una historia que resulta a la vez juguetona y perturbadora.

Es un libro que se deleita rompiendo las reglas narrativas y que recuerda que las historias más antiguas, las que se susurraban junto al fuego o se transmitían de generación en generación, aún conservan un poder inquietante sobre la imaginación.

Porque, al final, como ocurre con los mejores cuentos de hadas, la historia no se limita a entretener. También nos deja con una inquietud persistente:

¿Y qué ocurre cuando las historias que contamos dejan de obedecernos y empiezan a escribir nuestro destino?

Un diez

*Publicada por Duomo Ediciones.

 

Viioleta Lila 

 

 

 

Frases de esta opinión pueden utilizarse libremente en otros medios para promoción del libro, siempre que no se varíe y se mencionen al autor de la misma y al medio anikaentrelibros.com

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