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El Diablo entre nosotros

Ficha realizada por: Violeta Lila
El Diablo entre nosotros

Título: El Diablo entre nosotros
Título Original: (Speak of the Devil, 1941)
Autor: Elisabeth Sanxay Holding
Editorial: Aristas Martínez Ediciones
Colección: Colección Centellas


Copyright:

Autora: Elisabeth Sanxay Holding
© 2025, Juan Camilo Perdomo Morales, de la traducción
© 2025, El Marqués, de la ilustración de cubierta
© 2025, Aristas Martínez Ediciones

Traducción: Juan Camilo Perdomo Morales
Edición: 1ª Edición: Noviembre 2025
ISBN: 9788419550309
Tapa: Blanda
Etiquetas: asesinatos género negro muerte misterio narrativa intriga literatura estadounidense novela suspense La Habana Caribe hoteles cruceros tormentas isla
Nº de páginas: 240

Argumento:

Cuando Karen Peterson se encuentra por primera vez con el señor Fernández durante un crucero a La Habana, él la persuade para cambiar de rumbo hacia la idílica isla caribeña de Riquezas, donde le ofrece un trabajo como anfitriona en su nuevo hotel. Ella acepta el cargo, sin saber que está a punto de adentrarse en un nuevo escenario de atmósfera sofocante y siniestra. La tempestad que arrecia sobre la isla parece desencadenar una serie de sobrecogedores sucesos: la anterior anfitriona confiesa haber matado a un hombre en una de las habitaciones del hotel; una huésped saca a la luz una perturbadora fotografía de su marido asesinado y algunos empleados aseguran haber visto al Diablo deambular por los pasillos durante la tormenta. Aunque el temporal amaina y la vida en el hotel busca retomar la normalidad, pronto se suman nuevas muertes y la sensación de amenaza comienza a extenderse por toda la isla.

 

Opinión:

 

Publicado en 1941 pero vivo como si hubiese sido escrito ayer, "El diablo entre nosotros" es una de esas novelas que se deslizan bajo la piel sin necesidad de grandes artificios. Elisabeth Sanxay Holding construye su historia como quien teje una tela invisible: los hilos parecen finos, incluso frágiles, pero cuando intentamos apartarlos descubrimos que forman una red férrea, opresiva, casi hipnótica. En este libro, la luz tropical no ilumina; quema, distorsiona y precipita a la protagonista y al lector hacia un terreno donde la lógica vacila y la sospecha se convierte en compañera permanente.

Editada por Aristas Martínez Ediciones con muy buena traducción de Juan Camilo Perdomo Morales, la cubierta diseñada por El Marqués evoca una escena dramática y simbólica: una mano gigantesca, de color rojo intenso, emerge desde un fondo oscuro y sostiene el cuerpo inerte de una mujer. La figura femenina, dibujada con líneas estilizadas y colores contrastantes, parece haber sido sorprendida o vencida, mientras el gesto de la mano sugiere dominio, amenaza o intervención sobrenatural. El contraste entre la oscuridad del fondo y los tonos vibrantes refuerza una atmósfera de misterio y peligro que encaja a la perfección con el título y el tono inquietante de la autora.

Karen Peterson, que viaja hacia Cuba con la ilusión de un comienzo nuevo, pronto aprende que las vidas recién estrenadas tienen un precio. Conoce en el barco al señor Fernández, un hombre encantador cuya cortesía excesiva ya contiene, para quien quiera verlo, la promesa de una trampa. Su invitación a trabajar en un hotel recién inaugurado en la isla de Riquezas parece providencial, pero Holding muestra con sutileza cómo la tentación de un futuro fácil suele esconder un viraje fatal. Karen acepta, sí, pero lo hace desde la cautela. Ese rasgo la vuelve singular en la narrativa de su época: no es ingenua ni temerosa, sino una mujer acostumbrada a observar, a medir los gestos y las palabras, a mantenerse en pie incluso cuando el suelo empieza a ceder.

Apenas llega al hotel, la atmósfera tropical, exuberante, silenciosa y sin embargo inquietante, se transforma en un escenario de tensión creciente. La primera sorpresa es Cecily, su predecesora, joven, tempestuosa y evidentemente atrapada en un enredo que no termina de explicar. Entre desvaríos, celos y un miedo mal disimulado, Cecily le confiesa a Karen que ha matado a un hombre. La confesión parece tan improbable como perturbadora: no hay cadáver, no hay testigos, solo una mujer al borde del colapso y un dueño de hotel demasiado ansioso por mantener la calma. La duda, en ese instante, se instala para no marcharse.

La isla, que prometía descanso, empieza a adquirir contornos de pesadilla. No es un lugar pequeño, pero Holding lo describe con una densidad casi claustrofóbica, como si sus espacios se cerraran a medida que Karen avanza por ellos. Hay pasillos desiertos, habitaciones donde el aire parece estancado, empleados que murmuran sobre apariciones y huéspedes que cargan con sus propios secretos. Una de ellos es la señora Fish, que asegura estar buscando al asesino de su marido y muestra una fotografía que, en la penumbra del hotel, adquiere un matiz casi demoníaco. No es casualidad: esta novela juega constantemente con la posibilidad de lo sobrenatural, no para explicarlo, sino para utilizarlo como un eco inquietante, como una sombra que acompaña a todos sin que nadie pueda mirarla de frente.

Lo fascinante de Karen es su lucidez. Holding invierte aquí su propia tradición. Mientras en otros textos los protagonistas se hunden en un delirio que el lector desconfía en tomar por cierto, en este caso la narradora es la presencia más firme en un entorno compuesto de medias verdades, supersticiones y silencios peligrosos. Karen no cede a la histeria colectiva ni a las fantasías de los lugareños que dicen haber visto al Diablo rondando los pasillos. Sin embargo, esa racionalidad no la protege del miedo. Lo intensifica. Cada suceso inexplicable debe tener una causa, y encontrarla es tanto un acto de supervivencia como una declaración de independencia en un mundo donde los hombres intentan manejarla, encerrarla, reducirla.

El señor Fernández, con su lenguaje ceremonioso y su elegancia teatral, se convierte en uno de los personajes más inquietantes del libro. No necesita alzar la voz para imponer su presencia. Basta una frase, una sonrisa demasiado calculada, la forma en que evita a la policía o esquiva preguntas inocentes. Es un ejemplo perfecto del tipo de figura masculina que Holding disecciona con maestría: paternalista, seductor, aparentemente protector, pero capaz de ejercer un control asfixiante bajo la máscara de la cortesía.

A su alrededor se despliega una galería de personajes secundarios tan breves como sugerentes, criaturas que parecen existir en los márgenes del protagonismo pero que enriquecen la novela con su ambigüedad y sus contradicciones. Holding no se detiene a describirlos en exceso. Sabe que el lector rellenará los vacíos y confía en esa intuición. Esa economía narrativa, lejos de empobrecer la historia, la vuelve más tensa y más viva.

¿Qué más puedo decirte, amigo lector? La historia es, en apariencia, un misterio clásico: un crimen, una sospechosa improbable, un hotel tropical donde la tormenta no solo cae del cielo, sino también del ánimo de sus habitantes. Pero bajo la superficie late algo más hondo: la exploración del miedo como dinámica social, como forma de control, como paisaje interior. Holding no necesita criaturas sobrenaturales para generar terror. Le basta con mostrar lo que ocurre cuando una mujer inteligente se enfrenta sola a un sistema de manipulaciones, deseos ajenos y peligros velados.

La novela, leída hoy, evidencia las tensiones culturales de su época, especialmente en su representación del Caribe y de sus habitantes. Hay estereotipos que resaltan y el lector contemporáneo los identificará de inmediato. Sin embargo, más allá de esas sombras, permanece la fuerza de la voz autoral que sostiene el relato. Karen Peterson no es solo una protagonista convincente. Es un testimonio temprano de la resistencia psicológica, una matriz de las protagonistas complejas que luego caracterizarían al noir con perspectiva femenina.

Lo verdaderamente diabólico aquí no es el mito que ronda los pasillos, sino lo que se esconde detrás de las miradas esquivas, de las verdades torcidas y de los silencios oportunos. Holding logra que cada detalle, por insignificante que parezca, contribuya a una atmósfera donde nada es seguro y donde la belleza del paisaje contrasta brutalmente con la podredumbre moral que se intenta ocultar.

Al cerrar el libro, uno siente haber estado en un lugar real, sofocante y hermoso, donde la muerte acecha sin prisa y donde incluso la verdad, cuando finalmente aflora, llega teñida de incertidumbre. La autora demuestra una vez más que el misterio más perturbador no es el que involucra demonios, sino el que anida en las habitaciones contiguas, en la mente de quienes sonríen demasiado, en la soledad del extranjero que intenta empezar de nuevo. Esa es la verdadera fuerza de esta novela: recordarnos que, a veces, el infierno adopta la forma de un paraíso.

Muy recomendado.

 

Violeta Lila 

 

 

 

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