Anika entre libros

La isla del tesoro (Ilustrado)

Ficha realizada por: Violeta Lila
La isla del tesoro (Ilustrado)

Título: La isla del tesoro (Ilustrado)
Título Original: (Treasure Island, 1883)
Autores: Robert Louis Stevenson, Edmund Dulac
Editorial: Alba
Colección: Alba Clásica Maior


Copyright:

© de las ilustraciones de Edmund Dulac: Album / Lebrecht Authors / Bridgeman Images
© de la traducción: Marta Salís
© de esta edición: Alba Editorial s. l. u.

Traducción: Marta Salís
Ilustraciones: Color
Edición: 1ª Edición: Enero 2026
ISBN: 9788411782197
Tapa: Dura
Etiquetas: aventuras clásicos muerte libros ilustrados literatura escocesa piratas corsarios 15 años 14 años 16 años 12 años 13 años literatura juvenil marineros tesoros mapas traición isla avaricia
Nº de páginas: 256

Argumento:

Un viejo marinero con la cicatriz de un sablazo en la cara se instala en una posada en la costa inglesa, no muy lejos de Bristol. Lleva un cofre que no abre nunca, se emborracha con ron y aterroriza a la clientela con sus historias y canciones. Además, le paga a Jim, el hijo de los posaderos, para que esté ojo avizor y le avise si se presenta «un marinero con una sola pierna». Lo cierto es que en el cofre secreto se esconde el mapa de una isla con un magnífico tesoro enterrado por un antiguo pirata, y Jim se encuentra, de la noche a la mañana, enrolado como grumete en una expedición (dirigida por un rico terrateniente) para ir a buscarlo. A partir de ese momento, tiene que adquirir «la costumbre de vivir aventuras trágicas» y familiarizarse con más cicatrices y mutilaciones, la muerte, la codicia y la traición. Pero todo tiene su doble cara: el miedo superado por la curiosidad puede dar pie a actos de coraje gratuitos, el aplomo puede convertirse en frialdad, la temeridad puede conducir a la jactancia. Jim, solo un muchacho, salva constantemente la vida a los adultos, pero no siempre alcanza a distinguir la diferencia entre ser valiente y estar envalentonado, entre la ensoñación y la pesadilla.

 

Opinión:

 

Pocas novelas han moldeado tanto el imaginario de la aventura como "La isla del tesoro". Más que un clásico juvenil, sigue siendo una obra sorprendentemente viva, capaz de atrapar a lectores de cualquier edad gracias a una combinación perfecta de suspense, peligro, personajes ambiguos y un ritmo narrativo que apenas concede tregua. La reciente edición de Alba Editorial permite redescubrir la novela con un cuidado especial por el texto y por el objeto libro, convirtiendo la lectura en una experiencia especialmente atractiva.

Robert Louis Stevenson comenzó a escribir la historia casi como un juego doméstico durante un verano lluvioso, cuando dibujó un mapa para entretener a su hijastro. A partir de ese simple plano empezó a imaginar la aventura de un muchacho que, de pronto, se veía arrastrado a un mundo de marineros peligrosos, traiciones y tesoros ocultos. Lo que nació como entretenimiento terminó convirtiéndose en una de las novelas más influyentes del siglo XIX.

La vida del propio Stevenson, marcada por una salud frágil y constantes viajes en busca de climas favorables, parece filtrarse en el libro: hay en sus páginas un deseo de movimiento, de huida y de descubrimiento que resulta contagioso. Pero, al mismo tiempo, la aventura nunca se presenta como algo inocente. Los piratas que aparecen en la historia no son héroes románticos, sino hombres violentos, supersticiosos y codiciosos, capaces de matar por oro, aunque también llenos de ingenio y carisma. Esa mezcla de fascinación y amenaza es una de las grandes fuerzas del relato.

Jim Hawkins, joven protagonista y narrador, atraviesa un verdadero aprendizaje moral. A lo largo del viaje comprende que el coraje puede confundirse con imprudencia y que los adultos no siempre representan seguridad o nobleza. En este mundo ambiguo destaca la figura inolvidable de John Silver el Largo, personaje tan encantador como peligroso, manipulador brillante que demuestra que el enemigo más temible no siempre empuña un arma, sino que sabe ganarse la confianza de quienes lo rodean.

La edición añade además un atractivo visual notable gracias a las ilustraciones de Edmund Dulac, uno de los grandes artistas del libro ilustrado de principios del siglo XX. Sus imágenes no buscan simplemente acompañar la acción, sino que aportan atmósfera y poesía visual, mostrando barcos, cubiertas y escenas marinas envueltas en una luz suave que contrasta con la violencia y la tensión del relato. Son ilustraciones que invitan a detenerse, a contemplar, y que refuerzan la sensación de estar viajando en un libro clásico en el mejor sentido del término.

La traducción de Marta Salís destaca por su fluidez y claridad, manteniendo el sabor aventurero del original sin perder naturalidad para el lector actual. El resultado es una lectura ágil, viva y plenamente disfrutable, tanto para quienes regresan a la novela después de años como para quienes se acercan por primera vez.

Esta edición demuestra que el libro no es solo una historia de tesoros enterrados y viajes marítimos, sino un relato sobre el paso a la madurez, sobre la fascinación y el peligro del deseo de aventura, y sobre la ambigüedad moral que define a los seres humanos. Más de un siglo después, la novela sigue recordándonos por qué los piratas, los mapas y las islas remotas continúan ocupando un lugar privilegiado en nuestra imaginación.

Un diez.

 

Violeta Lila

 

 

 

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