<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:rssdatehelper="urn:rssdatehelper"><channel><title>José Carlos Somoza</title><link>http://anikaentrelibros.com</link><pubDate>2014-07-08T15:31:33</pubDate><generator>umbraco</generator><description>José Carlos Somoza - Políticamente yo</description><language>en</language><item><title>¡Temblad, lectores!</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/7/8/temblad-lectores/</link><pubDate>Tue, 08 Jul 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/7/8/temblad-lectores/</guid><description><![CDATA[ 
<p style="text-align: center;">¡TEMBLAD, LECTORES!</p>

<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>

<p>Es cierto que el <strong>autor sevillano Luis Manuel
Ruiz</strong> es culpable confeso y público de perpetrar algunos de
los mejores asesinatos literarios en castellano de la nueva
generación, aunando una prosa muy cuidada con la pirotecnia de una
trama a la que le sienta bien el traje de lo "original" (que no nos
sienta bien a todos, aunque pretendamos haberlo comprado en la
misma tienda):<strong><em>El criterio de las moscas, Solo una cosa
no hay, La habitación de cristal, Obertura francesa, Tormenta sobre
Alejandría</em> o <em>El hombre sin rostro</em>, avalan la calidad
de su obra</strong>. Esta última, en particular, con una trama
frenética a 30 kilómetros por hora (pero 30 km/h de los de antes,
que valían más) es difícilmente superable. Sin embargo, en
<strong>su última novela <em>Temblad villanos</em></strong> (Premio
Málaga de novela 2014) ha logrado -en opinión de este modesto
lector/autor- precisamente superarse.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>No es difícil resumir la idea tras los bastidores que ofrece la
última novela de Luis Manuel Ruiz: un misterio tejido de asesinatos
y enigmáticas viñetas de cómics. Ya en sí mismos los cómics son una
presencia curiosa (y curioso que sean tan curiosos) en nuestro
mundillo de novela negra o de fantasía. Aunque muchos de los
autores que cultivamos estos <img src="/media/5694450/temblad-villanos2.jpg" width="344" height="460" alt="Temblad -villanos2" style="float: right;"/>perversos géneros somos
aficionados al cómic y al cine por igual, este último cuenta con un
más que nutrido monumento de novelas en su honor, en comparación
con el más exiguo del mundo de Hugo Pratt, Milo Manara o Frank
Frazetta… No digamos si añadimos nombres como Hergé y su Tintín o
Goscinny-Uderzo y su Astérix, o incluso (venga, vamos a decirlo
todo) Ibánez y su magnífico <em>Mortadelo</em>. Pese a la indudable
importancia que en la cultura de géneros de nuestro país han tenido
estos creadores y creaciones, un prurito de… quizá dignidad mal
entendida o precaución peor entendida nos ha refrenado siempre a
los que hemos sentido la tentación de incluirlod en nuestras
depravadas, perversas, terroríficas y eróticas novelas. En un mural
del último piso del Museo del Sexo en Nueva York figuran los, al
parecer, únicos dibujos obscenos de personajes de Disney que
escaparon a la cacería de los infatigables abogados de la compañía…
Yo lo he visto y, sinceramente, señores: contemplar a Blancanieves
en un <em>gang bang</em> con los siete enanitos (cortitos en casi
todo) no puede ni compararse a mencionar al dulce Tintín y al
cariñoso e inocentón Mortadelo del "¡mire que llega usted a ser
burro, mire que…!" en una trama literaria que haría palidecer a un
Hitchcock y que nada tiene que envidiar al <em>gore</em> de un
Thomas Harris y su Hannibal Lecter. Sin embargo, Luis Manuel Ruiz
los hace encajar con suavidad de bala en la recámara de una pistola
bien aceitada, casi ni oímos el clic.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Y no es esto lo único que hace. En la trama avasalladora de
"<em>Temblad villanos</em>" aparece un elenco de personajes
inolvidables como el inspector amante de Bach, el niño amante de la
relatividad (que odia a Bob Esponja), el coleccionista de
palíndromos, el experto en lenguas vivas, muertas y momificadas… y
un largo etcétera, definidos con la prosa incisiva y profunda a la
que nos ha acostumbrado su autor, junto a un suspense que, en
ocasiones, nos escalofría. Añadiré que es una de esas buenas
novelas policiacas en las que los protagonistas se enfrentan a un
caso pero el lector se enfrenta a varios… y Luis Manuel Ruiz logra
acorralar nuestra imaginación y dar un bonito jaque mate al
final.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Todos esperábamos el retorno de Luis Manuel Ruiz con algo bueno
y novedoso, y cuando salió <em>El hombre sin rostro</em> confirmé
las expectativas: pero <em>Temblad villanos</em> es el anuncio de
que puede superarse a sí mismo. <em>Temblad, lectores</em>.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><a
href="/autores/autores-destacados/4261-jose-carlos-somoza/">José
Carlos Somoza</a></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></description></item><item><title>Irrealismo vulgar</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/4/11/35552-irrealismo-vulgar/</link><pubDate>Fri, 11 Apr 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/4/11/35552-irrealismo-vulgar/</guid><description><![CDATA[ 
<p>&nbsp;</p>

<div>
<p><strong>Irrealismo vulgar</strong></p>

<p><a href="/autores/autores-destacados/jose-carlos-somoza/"><span
style="font-family: Arial; font-size: small;">José Carlos
Somoza</span></a></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Muchos años después, sentado ante el ordenador, he recordado el
día que mi padre me hizo conocer a <a
href="/autores/g/gabriel-garcia-marquez/">García Márquez</a>. Eran
aquellos unos años -década de los setenta- en los que los
escritores usábamos máquinas de tinta y las palabras poseían peso y
olor y manchaban los papeles. Unos años en los que, si querías
leer, visitabas librerías o bibliotecas. En los que los libros,
como las personas, no acababan cuando concluía su&nbsp;vida útil,
sino que había que seguir cuidándolos como a ancianos, soplar sobre
sus cantos, sacudirles el polvo, ordenarlos en las repisas y no
doblarles las páginas. Años en los que la luz solo servía para
iluminar y nadie imaginaba que íbamos a trabajar, gozar, aprender y
enseñar con luz. En los que las revistas, fascículos y periódicos
-esos hermanos pequeños de la lectura- tenían un propósito útil y
un público deseoso. Recuerdo que, cuando mi padre me enseñó aquel
libro en la revista de Círculo de Lectores, lo primero que me llamó
la atención fue que, en lugar de la esperable portada de pistolas,
muchachas muertas, ojos en la oscuridad o manos<br />
 crispadas -la novela policiaca era lo único que leía mi padre en
esos años- hubiese una viejecilla vestida de luto sentada en una
silla. "Este es la mejor novela que he leído en mi vida", me dijo,
para mi sorpresa. Eran los años del realismo mágico.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Yo me fiaba de mi padre, y la leí. Me gustó la historia de la
familia Buendía, me gustó Úrsula Iguarán, me gustaron los inventos
de Arcadio. Y me dejó asombrado, literalmente, la escena en que
Remedios la Bella (creo recordar su nombre)<br />
 <img src="/media/5489719/realismomagico.jpg" width="271" height="364" alt="Realismomagico" style="float: left;"/>ascendía a los cielos presa de una palidez de
neblina y un arrebato de mística atea. Pero sobre todo recuerdo su
poderoso realismo de pucheros, faenas, ambientes cotidianos
(Remedios levita mientras tiende ropa en la azotea), cuerpos que
podían tocarse, palabras dichas frente a los oídos que las
escuchaban, besos que se saboreaban como fruta tropical.
Sensaciones físicas reconocibles, inmediatas. Era imposible contar
esas cosas de ninguna otra forma que no fuese con palabras, ni
experimentarlas de ninguna otra forma que no fuese sosteniendo
papeles en la mano. Ninguna imagen, ninguna luz, ninguna realidad
tenía el suficiente poder. Eran los años del realismo mágico,
escondido en las páginas de los libros como los hechizos en los
grimorios.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Hoy aún no han pasado cien años desde esa novela crucial, y el
realismo mágico parece desfasado. El milagro se ha hecho cotidiano.
Las palabras viajan como asteroides, cruzando de una a otra
pantalla como a través de un enorme cosmos, igual de fugaces.
Macondo ha dado paso a un planeta entero de comunicaciones
enredadas, relaciones frágiles, noticias olvidables y magia que,
por habitual, se ha hecho demasiado común. Asombroso, útil,
insospechable irrealismo, tan doméstico que se ha vulgarizado. Años
de irrealismo vulgar.&nbsp;Y sospecho&nbsp;que nuestra soledad es
aún mayor que hace cien años.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Al menos, Gabo ha sido dado de alta. Bien.</p>

<p>&nbsp;</p>
</div>

<div><a href="http://www.josecarlossomoza.com"
target="_blank">www.josecarlossomoza.com</a></div>
]]></description></item><item><title>El fandom-capullo</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/4/11/35368-el-fandom-capullo/</link><pubDate>Thu, 27 Mar 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/4/11/35368-el-fandom-capullo/</guid><description><![CDATA[ 
<p>&nbsp;</p>

<p><strong>El fandom-capullo</strong></p>

<p><a href="/autores/autores-destacados/jose-carlos-somoza"><span
style="line-height: 1.5;">José Carlos Somoza</span></a></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>¿Recordáis "La invasión de los ladrones de cuerpos"? Estos seres
alienígenas en forma de vainas con capullos dentro que, al salir,
adoptaban la forma de seres humanos conocidos y suplantaban así las
identidades. El fandom, o cierto tipo mal entendido de fandom en
este país, me recuerda muchas veces esa peli (que es una peli de
culto en ciertos círculos fandoms): grupos de aparentes "críticos
literarios" que en realidad ocultan bajo su capullo a un escritor
frustrado, y que, una vez brotados de la semilla, se mezclan entre
el grupo y se dedican a pastorear en pro de su inefable causa.</p>

<p>Que conste, en primer lugar, que soy fan de varias cosas, aunque
no del "dom". Pero veo genial compartir los gustos literarios,
lúdicos, con un grupo, de manera que eso incremente nuestro placer.
Las desventajas son mucho más importantes, claro: la cultura no es
un equipo de fútbol al que vayas a animar con banderitas y con el
que llores si lo ves perder. Pero cada tontería tiene su edad, y el
fandom inocuo, inocente, no es una excepción.</p>

<p>En nuestro país, por desgracia, abunda la otra clase de fandom,
la peligrosa. Los popes, los que se creen con derecho (y deber,
ay)&nbsp;de enseñar a todos lo que está bien y lo que está mal,
recién salidos del capullo donde han abandonado como un molde su
vieja y ya vacía pretensión de ser escritores. Y aun esta clase de
fauna mezclada entre el grupo de verdaderos fans carecería de
importancia si no hiciesen todo lo posible por perjudicar la ya muy
perjudicada literatura de género en nuestro país.</p>

<p>Porque, eso sí, el fandom-capullo hispano, reciclados en la
vaina desde escritores frustrados a falsos críticos literarios,
rechazan sistemáticamente a los escritores españoles de género. No
solo eso: los ignoran y presumen de su ignorancia, dedicando todo
su interés a escritores foráneos. Cuando vuelven su cansada vista
hacia España lo hacen con un suspiro y lamentan que no haya en este
país ningún Philip Dick, ningún Asimov, ningún Lovecraft, ningún
Stephen King, ningún George Martin…</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><img src="/media/5479260/fandom-capullo.jpg" width="422" height="92" alt="Fandom -capullo" style="display: block; margin-left: auto; margin-right: auto;"/></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>No ha sido demostrado aún fuera de toda duda que el
fandom-capullo haya leído a todos esos autores que afirman alabar
(y sobre todo ha sido demostrado que NO han leído a los autores
españoles a los que ignoran sistemáticamente). Con lo cual surge
una pregunta lógica: si ese fandom-líder no lee a los autores que
ensalza ni a los que rechaza, ¿qué lee? ¿Qué sabe? ¿A quién puede
aconsejar sobre qué? Y sobre todo, ¿cómo puede estar tan seguro de
los valores literarios de género que hay en España si no los
conoce? Incluso conociéndolos, incluso habiéndolos leído y siendo
fan declarado de casi todos ellos, yo no estoy seguro de nada: un
Asimov, un Dick, un Lovecraft, se hacen con una mezcla de trabajo,
talento y suerte, todo ello embotellado y (proceso clave) dejado
envejecer el suficiente número de años.</p>

<p>Ningún genio -español, inglés, estadounidense- lo es de la noche
al día, y menos en el maduro arte de la novela. Un buen escritor
necesita la perspectiva de los años para ser visto como se debe. Y
desde esa perspectiva (unida a las tradicionales dificultades con
que el escritor de género español debe enfrentarse para abrirse
camino internacionalmente, y a las barreras infranqueables de
tiempos pasados), solo desde esa perspectiva, es posible decir que
en España sí hay, o no, grandes valores literarios de género.
Ningún fandom-capullo puede sancionar eso ahora mismo.</p>

<p>Pero ¿sabes cuál es la razón de todo? Que mientras que el
escritor no se hace en un día (ni se deshace en otro), el fandom
capullo sí. A estos les basta con salir de la vaina y tomar la
forma de pobres y sufridos fans para pintarrajear con sus grafitis
en los muros virtuales de blogs, tuiters y facebooks y desaparecer
de nuevo al cabo de un par de añitos… Aunque no importa que se
esfumen. Mirad: nuevos capullos crecen…</p>

<p>Capullos nunca faltan en nuestro fandom.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><a href="http://www.josecarlossomoza.com"
target="_blank">&nbsp;www.josecarlossomoza.com</a></p>
]]></description></item><item><title>Lo real</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/2/28/lo-real/</link><pubDate>Fri, 28 Feb 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/2/28/lo-real/</guid><description><![CDATA[ 
<p>&nbsp;</p>

<p><strong>Lo real</strong></p>

<div>
<p style="text-align: left;"><a
href="/autores/autores-destacados/jose-carlos-somoza">José Carlos
Somoza</a></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>No conozco visión más acertada sobre el arte que el relato de <a
href="/autores/h/henry-james/">Henry James</a> <em>Lo real</em>. Un
ilustrador de libros necesita dos modelos para dibujar un caballero
y una dama ingleses. Pone un anuncio, y, para su sorpresa, se
presentan en su estudio un verdadero caballero y dama ingleses. Son
aristócratas venidos a menos que tienen que sobrevivir de alguna
forma y buscan trabajo. El protagonista los acepta y comienza a
pintar con ellos. Pero todas sus ilustraciones son rechazadas
porque no reflejan "la realidad" de los auténticos caballeros y
damas ingleses. El pintor se queda asombrado: ¿cómo es posible, si
sus modelos son "realmente" un auténtico caballero y una dama? Al
fin, la historia da un vuelco: los criados del pintor, gente de
baja extracción social, empiezan a posar como el "caballero" y la
"dama" y las obras, a partir de ese momento, son un éxito. El
sarcasmo final es terrible: los papeles se trastocan, y mientras
los criados siguen trabajando como modelos para el pintor, el
caballero y la dama aceptan trabajar como criados. Una frase de
James ilumina la moraleja: "En la engañosa atmósfera del arte, aun
la más grande respetabilidad puede no resultar práctica". Esto es
un consejo irónico. James quería decir: "En el arte (literatura
incluida) es precisa la apariencia." El arte necesita de
la&nbsp;<img src="/media/5381990/loreal.jpg" width="219" height="331" alt="Loreal" style="float: left;"/>apariencia,
igual que los romanos necesitaban que la mujer del César lo
"pareciera". Que lo aparente sea real no sirve de mucho si no lo
parece.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>James, por supuesto, no quería hacer filosofía estética sino
criticar las supuestas maneras "nobles" de la alta sociedad de su
tiempo. Quería demostrar que la idea que se tenía en la época de
esos "nobles" no estaba relacionada con la procedencia social tanto
como con una serie de gestos aprendidos y fáciles de imitar, una
apariencia superficial. Pero, queriéndolo o sin querer, nos dio una
prodigiosa opinión sobre el arte. Este conflicto entre realidad y
representación es lo que ha definido el arte desde sus inicios.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Hoy se habla de cosas tales como "novela realista", "reflejar la
sociedad" o "servir de espejo a una realidad social" cuando se
habla de literatura. Algo semejante ocurrió con el conflicto entre
arte "realista" y "abstracto": ¿debía pintarse lo que todos veíamos
(oh, sacrosanta mayoría) o solo lo que el artista veía? Pero,
mientras que en las artes plásticas este pulso fue ganado
ampliamente por los abstractos, en literatura (española, para más
señas) sigue siendo difícil hablar de algo que no "parezca" real.
Los territorios están tan separados que se ha establecido incluso
una categoría de ficción llamada de "no ficción" (!!), para que los
amantes de la realidad puedan sentirse cómodos al perder su tiempo
leyendo novelas. Pero nos olvidamos de que, como artistas, nuestros
modelos de "realidad" distan mucho de ser "reales". A todo el que
defiende esa falsa realidad de modelo disfrazado me gusta decirle:
"Lea usted física cuántica, hombre: entérese de una vez de que lo
real no se parece en nada a la realidad."</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
</div>

<div><a
href="http://www.josecarlossomoza.com">www.josecarlossomoza.com</a></div>
]]></description></item><item><title>Steampulp</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/2/14/34914-steampulp/</link><pubDate>Fri, 14 Feb 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/2/14/34914-steampulp/</guid><description><![CDATA[ 
<p><strong>Steampulp</strong></p>

<p>&nbsp;</p>

<div>
<p>Al "steam" no le va tanto el "punk" como el "pulp". No ha habido
época más grotesca, en cuanto a ficción literaria (pero quizá
muchas más cosas), que la victoriana. Es como encontrarte un
soberano estanque en mitad de un parque inglés. Todo ordenado,
bello, rodeado de setos y flores… pero, bajo esa agua cobalto
impenetrable a la vista, ¿qué se oculta?</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>La afición de los victorianos al folletín grotesco es de sobra
conocida. No se salva ni Dickens, porque lo grotesco no
necesariamente indica (ni mucho menos) mala literatura. Hasta
"Canción de Navidad" tiene escenas realmente chocantes <img src="/media/5371576/steampulp.jpg" width="247" height="263" alt="Steampulp" style="float: left;"/>con el
avaro y los fantasmas, como las tienen "Casa desolada" o "La tienda
de antigüedades". Ni siquiera el cuento infantil permanece virgen
de los toques grotescos, con un "Lewis Carroll" dedicado a
atormentar a una niña de rizos rubios en un país donde la razón no
funciona.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Descendiendo a los sótanos (no por calidad sino por temas) más
oscuros: ¿qué decir de <a href="/autores/b/bram-stoker/">Bram
Stoker</a>? ¿O de Arthur Machen? ¿<a
href="/autores/m/34342-m-r-james">O M. R. James</a>? Es cierto que
lo verdaderamente "pulp" se inventaría en Estados Unidos, no en
Inglaterra, pero no es menos cierto que la atmósfera victoriana se
extendió fuera de los confines británicos y halló en el puritanismo
y la represión de la Costa Este americana un terreno abonado para
esas historias donde anidaban una violencia y un horror que ahora
nos parecen (erróneamente) fruto de un Tarantino en películas o un
<a href="/autores/c/cormac-mccarthy">Cormac McCarthy</a> en libros.
Pero las pesadillas de un <a
href="/autores/e/edgar-allan-poe">Poe</a>, un <a
href="/autores/n/nathaniel-hawthorne">Hawthorne</a>, y los
post-victorianos de la célebre revista Weird Tales -el reino del
pulp- como <a href="/autores/j/joseph-sheridan-le-fanu">Sheridan Le
Fanu</a>, Robert E. Howard o Seabury Quinn, nada tienen que
envidiar los terrores modernos. En los cuentecitos "inocentes" de
un Seabury Quinn ya están condensadas muchas de las fobias que
luego explotarán en cine Michael Haneke o Lars von Trier, por no
mencionar a Pasolini, y en literatura el susodicho McCarthy o <a
href="/autores/j/j-m-coetzee">J. M. Coetzee</a>, entre muchos
otros. Echad un vistazo, si no, a "La casa de las máscaras de oro",
o a "Poltergeist". Claro está, a Quinn los separa de todos ellos un
abismo de mediocre calidad, pero tampoco pretendía tener mucha
cuando escribía sobre su inefable investigador de lo sobrenatural,
Jules de Grandin (una mezcla de Poirot menudo y Holmes francés). En
España podemos disfrutar de algunas buenas versiones al castellano
de este raro escritor heredero de la represión victoriana en
colecciones como Valdemar.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>¿Qué tuvo esa época de guantes largos, reverencias, chisteras,
parasoles y educación, para que bullera por debajo un magma de
horrores que luego cuajaría en el dios-molusco de <a
href="/autores/h/h-p-lovecraft">Lovecraft</a>? ¿Qué clase de época
fue la victoriana para alumbrar por igual al diurno Dr Jekyll y al
Mr Hyde noctámbulo?</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Mucho más que el steampunk de vapor fantástico de <a
href="/autores/h/h-g-wells/">H. G. Wells</a>, el morbo oleaginoso
de los victorianos, el steampulp (esa "pulpa" negra en que se
convierte el protagonista de "Los polvos blancos" de Machen),
refleja la necesidad de una válvula de escape para la máquina de
hierro a toda marcha pringada de aceite y carbón que fue esa época
de belleza científica, ajada moral&nbsp;y severas injusticias.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><a href="/autores/autores-destacados/jose-carlos-somoza">José
Carlos Somoza</a></p>
</div>

<div><a href="http://www.josecarlossomoza.com"
target="_blank">www.josecarlossomoza.com</a><a
href="/www.josecarlossomoza.com" target="_blank"></a></div>
]]></description></item><item><title>Leer lo que se debe ver</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/1/17/34587-leer-lo-que-se-debe-ver/</link><pubDate>Fri, 17 Jan 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2014/1/17/34587-leer-lo-que-se-debe-ver/</guid><description><![CDATA[ 
<p>&nbsp;</p>

<p><strong>Leer lo que se debe ver</strong></p>

<p>&nbsp;</p>

<div>
<p>¿Hay aún quien lee teatro hoy? Me refiero además de actores y
directores. Quiero referirme a los lectores de todos los días, a
aquellos a quienes gusta un buen libro de ficción. A quienes leen
novelas, y acaso relatos. Es posible que también a<br />
<img src="/media/5350791/el-consejero-portada.jpg" width="222" height="374" alt="El -consejero -portada" style="float: left;"/>quienes se asoman al
jardín de la poesía de vez en cuando. Pero ¿qué ocurre con el
teatro?</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Si no habituamos nuestra mente a leer dramas (más allá de los
que pueden encontrarse en los periódicos) nos perdemos, me parece,
una grandísima parte del goce que la literatura puede procurarnos.
Es verdad que el teatro nace para ser contemplado, pero no es menos
cierto que algunos autores merecen que nos asomemos a sus obras
antes de que los actores les den vida. Nuestros ojos también son
muy capaces de "actuar" y dar vida a los textos clásicos, no
solo&nbsp;de Shakespeare, por mencionar al grande entre los grandes
del teatro y de toda la literatura (¡opinión de Bardólatra!), sino
también de algunos otros de los también grandes como Calderón,
Beckett, Pirandello, Ionesco, Camus, Pinter… Y quien piense que la
lectura de obras dramáticas forzosamente ha quedado anclada en el
pasado debido al imperio absoluto que hoy ejerce la novela, le
llevaría a asomarse a la recientísima&nbsp;"El consejero" (Random
House) de uno de mis autores preferidos: <a
href="/autores/c/cormac-mccarthy/#.UtjtSNLuLE0">Cormac
McCarthy</a>. Es verdad que es más bien guión dramático de cine que
teatro estricto, pero muchas de las obras de Valle Inclán también
parecen haber nacido solo para el cine. No he visto aún la película
de Ridley Scott basada en la obra de McCarthy, y tardaré en verla,
pero este genial narrador (estupendo en "La carretera", insuperable
en "Meridiano de sangre") posee la rara cualidad de dominar la
prosa arrebatadora de una descripción, a la vez que la estructura
mercurial del diálogo dramático, y para muestra nada mejor que este
<em>Consejero</em>, escrita con la frialdad típica de McCarthy, o
el tenso diálogo de&nbsp;Sunset Limited.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Estas obras destinadas a "verse" no deben de ser condenadas
"solo" a verse. ¡Ay, si pudiéramos leer esculturas y escuchar
pinturas! Ya que no podemos, gocemos de leer teatro: magia
sinestésica como pocas.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>José Carlos Somoza</p>
</div>

<div><a href="http://www.josecarlossomoza.com"
target="_blank"><span
style="font-family: Arial; font-size: small;">www.josecarlossomoza.com</span></a></div>

<div><span
style="font-family: Arial; font-size: small;">&nbsp;</span></div>

<div><span
style="font-family: Arial; font-size: small;">&nbsp;</span></div>

<div><span
style="font-family: Arial; font-size: small;">&nbsp;</span></div>
]]></description></item><item><title>El fin de la novela degenerada</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2013/12/13/el-fin-de-la-novela-degenerada/</link><pubDate>Fri, 13 Dec 2013 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2013/12/13/el-fin-de-la-novela-degenerada/</guid><description><![CDATA[ 
<p>&nbsp;</p>

<div>
<p><strong>El fin de la novela degenerada</strong></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>José Carlos Somoza</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Somos cada vez más los que creemos que no debemos seguir unas
reglas específicas para escribir novela de género, y que vale
también mezclar los géneros en la coctelera de la imaginación o
pasarlos por la trituradora. Sin embargo, paradójicamente, la
crisis del libro como objeto de consumo está haciendo cada vez más
difícil que un autor cualquiera, consagrado o no, publique novelas
de según qué géneros o donde los géneros no están claros.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>No hay que sorprenderse por esto: el mercado se impone. Las
editoriales son empresas, y en este mar tempestuoso se asemejan a
balsas de goma pinchadas, llenas de parches y remiendos (fusiones
con otros grandes grupos editoriales), pasajeros a los que se
expulsa al azar (empleados despedidos) y supervivientes que solo
esperan el hundimiento, tarde o temprano, de la particular balsa en
la que les ha tocado naufragar. Ello ha provocado que, si antes la
fórmula "esto reclama el lector = esto es lo que le damos" era la
regla de oro de cualquier gigante editorial, hoy se ha convertido
en ley absoluta de todo lo que se publica. Y los primeros
perjudicados somos, irónicamente, los propios lectores: se acaba la
variedad, se extinguen las diferencias, se minimizan los riesgos
hasta extremos microscópicos, se apuesta sobre (casi) seguro. Por
la misma puerta de mercado que se cuela un novelista sueco con una
trilogía de novela negra social penetran en tropel cincuenta
novelistas también suecos (increíble pero cierto) que escriben
otros tantos clones. Si una autora triunfa con una novela de
softcore de temática sadomasoquista, ahí llega como un río
torrencial la publicación de novelas de similares características
firmadas (naturalmente) por autoras.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Esta carrera desesperada por la supervivencia ha perjudicado
seriamente un aspecto de esa variedad que estaba empezando a
despuntar en nuestro país: la mezcla de géneros, la exploración de
nuevos caminos en la narrativa del thriller o la ciencia ficción.
Los libros que se publican, como los orientales para el occidental,
se parecen peligrosamente entre sí. La "degeneración" ya no tiene
salida editorial en el mainstream. Llega la hora de ser iguales
para poder optar por existir.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Espero que los últimos mohicanos de la degeneración que nos
reunimos este finde en Valencia en la Hispacón 2013 podamos
discutir este y otros puntos, y nos sintamos iguales, al menos, en
el hecho de ser diferentes.</p>

<p>&nbsp;</p>
</div>

<div><span style="font-family: Arial; font-size: small;"><a
href="http://www.josecarlossomoza.com/"
title="blocked::http://www.josecarlossomoza.com/">www.josecarlossomoza.com</a></span></div>

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style="font-family: Arial; font-size: small;">&nbsp;</span></div>
]]></description></item><item><title>Amenazas</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2013/12/6/amenazas/</link><pubDate>Fri, 06 Dec 2013 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2013/12/6/amenazas/</guid><description><![CDATA[ 
<p><strong>Amenazas</strong></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>José Carlos Somoza</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Se acerca, ya se la ve venir cual pesada carroza en cabalgata de
Reyes: la Navidad estará aquí antes de lo que pensamos. Imagino que
estas queridas y odiadas fiestas, al menos para los adultos,
contienen también una parte amenazadora: regalos, visitas, cambios,
ruidos, luces y alguna resaca que otra.&nbsp;Muchas veces&nbsp;la
amenaza se traduce en un aumento injusto de responsabilidades.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Pero es que, detrás de este paso luminoso de petardos, se
acerca... 2014. ¿Amenazador? Pues oiga, no lo sé, pero así parece.
Últimamente es fácil ganar en la ruleta del futuro si lo apostamos
todo al "negro ocre". Claro está que también llegará Fin de Año y
se brindará con cierta esperanza, ese champán de nuestro ánimo, por
que los tiempos mejoren y podamos estar aquí para seguir brindando
un año más. Sea como fuere, solo cuando 2014 esté aquí, o nosotros
en él, sabremos lo que trae consigo.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Amenazas no son hechos consumados: son expectativas
sobrecogedoras, posibles o probables, que implican cierto riesgo.
Esperanzas es más o menos lo mismo, pero en sentido positivo.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>En este panorama, hay otra cosa que también se acerca, incluso
antes que la Navidad o 2014: me refiero a la convención española de
fantasía, Hispacón, a celebrar en Valencia entre el 13 y 15 de
diciembre, y en la que seguro que coincidimos muchos de nosotros.
La Hispacón no creo que sea una amenaza, es más bien una esperanza.
La esperanza de que, pese a las fiestas irremediables, y pese a
2014 y sus secuaces (2015 y el resto), seguimos interesados en leer
y escribir literatura de fantasía.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Naturalmente, como esperanza que es, lleva dentro una amenaza
implícita: ¿qué pasará con esa literatura en el futuro próximo?
Acaso ni siquiera un escritor de ciencia ficción puede anticipar
tanto.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>¿Mi deseo? Que se cumplan las esperanzas.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Que no se hagan realidad las amenazas.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></description></item><item><title>Con V de noVela</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2013/3/10/con-v-de-novela/</link><pubDate>Sun, 10 Mar 2013 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/jose-carlos-somoza/2013/3/10/con-v-de-novela/</guid><description><![CDATA[ 
<p>En "Con V de Vendetta", el cómic de Alan Moore luego convertido
en película, un justiciero enmascarado se desmarca de las leyes y
los hábitos imperantes para plantear una apropiada revolución. Su
misión no es triunfar, ni siquiera sobrevivir, sino contagiar en
los demás ese impulso, trasladar esa llama a la mayoría que,
portando su máscara también, simbolicen el aplastante poder del
deseo de cambio.</p>

<p>Hoy abrimos varios de nosotros un blog en las páginas de Anika
con un deseo, sospecho, muy parecido. Me pregunto a veces,
contemplando esa máscara risueña que es la literatura de ficción,
las novelas, si queda alguien todavía en este mundo traicionado y
desengañado que considere que la lectura es liberadora, más aún,
revolucionaria, la verdadera forma de pensar por nosotros mismos y
adoptar nuestra propia máscara y acabar con las mentiras y los
engaños del sistema y sus valedores.</p>

<p>¿Tiene aún cabida la literatura en esta sociedad de parados, de
sufridores impenitentes, de políticos tramposos? Cuando lo que
importa es la mera supervivencia, el resistir con un sueldo exiguo
hasta fin de mes mientras vemos cómo día a día las promesas se
rompen, las aparentes verdades de quienes ocupan puestos de poder
se muestran como falacias, ¿qué importa el destino de los libros, y
con ellos, el de miles de libreros y editores? Cuando lo que se
dirime es si una familia puede aguantar tras la barricada de una
casa o será expulsada por medios legales, desahuciada de la vida,
¿tiene sentido clamar por la pervivencia de objetos tan inútiles
como los libros?</p>

<p>Golpeado por un ocio cada vez más tecnológico, desplazado por la
apisonadora de las imágenes, las películas, los videojuegos; en
medio de una sociedad alarmada que busca cada vez más una evasión
ya enlatada, fácil, ofrecida &nbsp;por aparatos que venden las
ventajas de la nitidez, los píxeles y la alta definición como antes
se vendía el detergente, ¿podemos todavía ponernos la máscara de
autores y lectores y salir a la calle, en defensa del "simple"
anhelo de escribir y leer?</p>

<p>Pues eso es lo que creo. Y por eso estoy aquí, con Anika, que
también cree en esa libertad y que ha ayudado tanto, tantísimo a
mantener esa llama encendida con su web de gran lectora.</p>

<p>Creo que nada (y menos nadie) nos va a dar momentos tan buenos
como los de ciertos buenos libros. Creo que es precisamente ahora
cuando resultan más necesarios, ahora es cuando esa máscara que es
"ser lector", esa sonrisa encantadora y silenciosa que esconden
entre sus páginas los libros, ha de extenderse y ser compartida por
todos aquellos a quienes nos gusta leer y escribir.</p>

<p>¿En este mundo de desahuciados, de engañados, de traicionados?
¿En esta sociedad donde no sabes cómo vas a despertar mañana, qué
te van a quitar, con qué otras formas de estafa te embaucarán?</p>

<p>Pues sí. Precisamente en este mundo.</p>

<p>Abro mi blog. Con V de "novela".</p>

<p>&nbsp;</p>
]]></description></item></channel></rss>
