Leer lo que se debe ver
viernes, 17 de enero de 2014
Leer lo que se debe ver
¿Hay aún quien lee teatro hoy? Me refiero además de actores y
directores. Quiero referirme a los lectores de todos los días, a
aquellos a quienes gusta un buen libro de ficción. A quienes leen
novelas, y acaso relatos. Es posible que también a
quienes se asoman al
jardín de la poesía de vez en cuando. Pero ¿qué ocurre con el
teatro?
Si no habituamos nuestra mente a leer dramas (más allá de los
que pueden encontrarse en los periódicos) nos perdemos, me parece,
una grandísima parte del goce que la literatura puede procurarnos.
Es verdad que el teatro nace para ser contemplado, pero no es menos
cierto que algunos autores merecen que nos asomemos a sus obras
antes de que los actores les den vida. Nuestros ojos también son
muy capaces de "actuar" y dar vida a los textos clásicos, no
solo de Shakespeare, por mencionar al grande entre los grandes
del teatro y de toda la literatura (¡opinión de Bardólatra!), sino
también de algunos otros de los también grandes como Calderón,
Beckett, Pirandello, Ionesco, Camus, Pinter… Y quien piense que la
lectura de obras dramáticas forzosamente ha quedado anclada en el
pasado debido al imperio absoluto que hoy ejerce la novela, le
llevaría a asomarse a la recientísima "El consejero" (Random
House) de uno de mis autores preferidos: Cormac
McCarthy. Es verdad que es más bien guión dramático de cine que
teatro estricto, pero muchas de las obras de Valle Inclán también
parecen haber nacido solo para el cine. No he visto aún la película
de Ridley Scott basada en la obra de McCarthy, y tardaré en verla,
pero este genial narrador (estupendo en "La carretera", insuperable
en "Meridiano de sangre") posee la rara cualidad de dominar la
prosa arrebatadora de una descripción, a la vez que la estructura
mercurial del diálogo dramático, y para muestra nada mejor que este
Consejero, escrita con la frialdad típica de McCarthy, o
el tenso diálogo de Sunset Limited.
Estas obras destinadas a "verse" no deben de ser condenadas
"solo" a verse. ¡Ay, si pudiéramos leer esculturas y escuchar
pinturas! Ya que no podemos, gocemos de leer teatro: magia
sinestésica como pocas.
José Carlos Somoza
Esta entrada ha sido escrita por:
José Carlos Somoza,
escrita el:
viernes, 17 de enero de 2014
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