<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:rssdatehelper="urn:rssdatehelper"><channel><title>Félix J. Palma</title><link>http://anikaentrelibros.com</link><pubDate>2014-05-23T09:30:10</pubDate><generator>umbraco</generator><description>Juego de palabras</description><language>en</language><item><title>Adiós, Marcelo. Un microrrelato</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/5/23/adios,-marcelo-un-microrrelato/</link><pubDate>Fri, 23 May 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/5/23/adios,-marcelo-un-microrrelato/</guid><description><![CDATA[ 
<p style="text-align: center;">ADIOS, MARCELO. UN MICRORRELATO</p>

<p style="text-align: center;">&nbsp;<span
style="line-height: 1.5;">Félix J. Palma</span></p>

<p style="text-align: center;">&nbsp;</p>

<p>Dado que todo el mundo me considera el mejor amigo del célebre
actor Marcelo Feltrinelli, a nadie le extrañará que me hayan
encargado esta nota póstuma. Pero estoy seguro de que les
sorprenderá oír que desde hace exactamente diez <img src="/media/5653180/micro-hollywood.jpg" width="139" height="293" alt="Micro -hollywood" style="float: right;"/>años yo ya sabía que Feltrinelli acabaría
suicidándose en la ceremonia de los Oscar, tras haber recibido una
estatuilla honorífica a toda su carrera. Sabía incluso que lo haría
ingiriendo cianuro, después de dedicar un brindis a la platea. Y lo
sabía mucho antes de que él mismo sospechara que acabaría
matándose, en directo y con smoking.</p>

<p>Podía intervenir el azar, por supuesto, y lograr con su mano de
nieve que Marcelo descarrilara de la vía que lo conducía lentamente
hacia su destino. Pero en las obras de ficción los hechos azarosos
nunca son bienvenidos, y la vida de Marcelo hacía mucho que se
había convertido en una ficción gracias a mí.</p>

<p>Cuando Marcelo y yo nos conocimos a finales de los setenta los
dos éramos un par de don nadies. Él era un actor emigrado que daba
tumbos por los escenarios más cochambrosos de Nueva York en busca
del papel de su vida y yo un aspirante a director que había
conseguido un presupuesto irrisorio para financiar su primera
película. Por decirlo de forma poética: éramos como esos elementos
que al mezclarse por accidente dan como resultado un precipitado
inesperado destinado a revolucionar el mundo. Cuando acepté que
aquel muchacho flaco y anguloso, como tallado a navaja, fuese el
protagonista de mi película, no estaba sino haciendo historia. El
éxito de nuestra película fue desmesurado e inauguró una
colaboración profesional que duró trece años, arrojando un saldo de
nueve filmes, la mayoría premiados en alguna parte, victoreado en
algún festival, hasta que Marcelo decidió abandonar el cine para
vivir su propia vida. Nadie, ni siquiera yo, entendió por qué se
retiraba en la cima de su <img src="/media/5653185/micro-hollywood2.jpg" width="287" height="323" alt="Micro -hollywood2" style="float: left;"/>carrera, pero lo hizo.
Cosa de genios, me dije, como si con esa frase tan insatisfactoria
pretendiera archivar el asunto.</p>

<p>Tres meses después, sin embargo, se presentó en mi casa. Yo me
encontraba en el jardín, y lo contemplé bordear la piscina como un
sonámbulo. Fiel a su carácter, me expuso el problema sin rodeos.
Había interpretado con éxito todos los papeles imaginables: había
quemado Roma, le habían amputado una pierna en un sucio hospital de
campaña, había repelido él solo una invasión alienígena, había
muerto en la cruz. Pero no sabía interpretarse a sí mismo. Carecía
de imaginación. "Dirige mi vida", me suplicó mirándome a los ojos.
Los dos sabíamos que aceptaría: siento debilidad por los desafíos.
Firmé un contrato de diez años, y durante ese tiempo, no sólo le
diseñé una vida de película, excesiva e intensa, sino que lo
sobredimensioné como personaje, le di matices. Marcelo, por su
parte, realizó la mejor interpretación de su vida. Ya no había
cámaras, pero los periódicos se encargaron de inmortalizar las
escenas más memorables, como cuando empotró su deportivo contra
aquella fuente, acompañado por dos putas enanas. Cuando le entregué
el frasquito de cianuro -lo único que podía burlar la seguridad del
Teatro Kodak-, incluso sonrió ante lo acertado del colofón: la
vejez de un astro puede ser plácida, pero nunca es digna. Mejor
retirarse a tiempo.</p>

<p>Desgraciadamente, cuando todo esto se sepa, lo que yo recibiré
por mi extraordinario trabajo no será el Oscar a la Mejor
Dirección, ¿no creen?</p>

<p><a href="/autores/autores-destacados/4257-felix-j-palma/">Félix
J. Palma</a>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><span style="font-size: xx-small;">anikaentrelibros no se hace
responsable del uso de imágenes de los blogueros a partir del
momento en que informa que sólo deben utilizarse aquellas libres de
copyright, con permiso o propias del autor</span></p>
]]></description></item><item><title>El paciente</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/5/9/el-paciente/</link><pubDate>Fri, 09 May 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/5/9/el-paciente/</guid><description><![CDATA[ 
<p style="text-align: center;">EL PACIENTE</p>

<p style="text-align: center;">Félix J. Palma</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><span style="line-height: 1.5;">Con el paso del tiempo, las
distintas partes involucradas en el proceso de creación de un
libro, desde las Musas hasta los impresores, hemos acabado
aceptando que la literatura forma parte de una industria. Eso
significa que las novelas que escribimos en la íntima soledad de
nuestro estudio, donde volcamos nuestras obsesiones e impresiones
sobre el mundo, son valoradas una vez abandonan nuestras manos como
productos de consumo, cuya rentabilidad llega a ser mucho más
importante que su calidad. Debido a ello, las novelas que antaño
pretendían ser un medio de conocimiento, que anhelaban desentrañar
el misterio de la vida, han mutado en otro tipo de novelas que
aspiran principalmente a entretener al lector, a hacerles pasar un
buen rato, lo cual hoy en día es casi más difícil que responder a
las preguntas que atormentan al ser humano desde su nacimiento,
pues el libro ha de competir con los videojuegos o los blockbuster
cinematográficos, entre otras alternativas de ocio.</span></p>

<p>Pero por mucho que la ninguneen los escritores que no la
practican y los críticos de los suplementos literarios donde no
tienen cabida, esta "nueva" novela de entretenimiento no deja de
ser heredera de la novela por entregas que en su día practicaron
Conan Doyle, Julio Verne o Stevenson. Y entre los numerosos autores
que hoy la cultivan en nuestro país destaca por meritos propios <a
href="/autores/autores-destacados/4262-juan-gomez-jurado/">Juan
Gómez-Jurado</a>, capaz de aplicar su fórmula con sorprendente
habilidad, logrando que trascienda sus propios límites.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><img src="/media/5643237/_juangomezjurado1_40b174c3.jpg" width="467" height="268" alt="_juangomezjurado 1_40b 174c3" style="display: block; margin-left: auto; margin-right: auto;"/></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>La lectura de "<a
href="/resenas/destacados-adultos/el-paciente/">El paciente</a>",
su último trabajo, es lo más cercano a ver una película que he
podido experimentar hasta el momento sin tener que ir al cine o
agacharme para poner un DVD. Resulta evidente que Gómez-Jurado
tenía muy claro lo que quería lograr, y hace tiempo que no me
encontraba con una historia que consiguiera sus objetivos con tanto
éxito. Narra el perturbador dilema al que debe enfrentarse el
prestigioso neurocirujano David Evans, que para salvar a su hija de
morir en manos de un psicópata, deberá impedir que su próximo
paciente, nada menos que el presidente de Estados Unidos, salga
vivo de su quirófano. Y lo hace con un ritmo trepidante,
sacrificando en el camino las digresiones y descripciones que
usaba, por ejemplo, en <a href="/la-leyenda-del-ladron">"La leyenda
del ladrón</a>", que aquí resultarían un lastre, y centrándose en
la acción pura, creando con un puñado de reflexiones oportunas la
tensión necesaria para enganchar al lector durante las 63
frenéticas horas que dura la aventura contrarreloj del doctor
Evans.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><img src="/media/5643242/portada-el-jurado.jpg" width="360" height="529" alt="Portada -el -jurado" style="display: block; margin-left: auto; margin-right: auto;"/></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>La detallada ambientación y los continuos giros de la trama
crean la ilusión de que la novela parece escrita por un autor
norteamericano, al que no cuesta imaginar tomándose una cerveza con
Stephen king en alguna taberna de Maine. Se trata de una novela
porosa que adsorbe los iconos más reconocibles de nuestra cultura
pop, que maneja con eficacia los personajes arquetípicos, como
Kate, la cuñada del protagonista -cuya fragilidad tanto recuerda a
la Carrie Mathison de <em>Homeland</em>-, y que usa nuestra
condición de espectadores de cine para jugar a su favor. En cierto
momento, <a
href="/autores/autores-destacados/4262-juan-gomez-jurado/">Gómez-Jurado</a>&nbsp;incluso
nos dice que el villano de la historia tiene la jeta de Ewan
McGregor (aunque yo no podía dejar de imaginármelo como Paul
Bettany). En definitiva, <span>"</span><a
href="/resenas/destacados-adultos/el-paciente/">El
paciente</a><span>"</span>&nbsp;es como ir al cine sin tener que
pagar la desorbitada suma que hoy cuesta la entrada. Las palomitas
son opcionales.</p>

<p><a href="/autores/autores-destacados/4257-felix-j-palma/">Félix
J. Palma</a></p>

<p>&nbsp;</p>

<p><span style="font-size: xx-small;">&nbsp;</span></p>

<p><span style="font-size: xx-small;">anikaentrelibros no se hace
responsable del uso de imágenes de los blogueros a partir del
momento en que informa que sólo deben utilizarse aquellas libres de
copyright, con permiso o propias del autor</span></p>
]]></description></item></channel></rss>
