<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:rssdatehelper="urn:rssdatehelper"><channel><title>Félix J. Palma</title><link>http://anikaentrelibros.com</link><pubDate>2014-02-28T10:35:56</pubDate><generator>umbraco</generator><description>Juego de palabras</description><language>en</language><item><title>La mujer fantasma. Un microrrelato</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/2/21/35011-la-mujer-fantasma--un-microrrelato/</link><pubDate>Fri, 21 Feb 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/2/21/35011-la-mujer-fantasma--un-microrrelato/</guid><description><![CDATA[ 
<p style="text-align: center;"><strong>LA MUJER FANTASMA. UN
MICRORRELATO</strong></p>

<p style="text-align: center;"><strong>&nbsp;<span
style="line-height: 1.5;">Félix J. Palma</span></strong></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Tengo un amigo que guarda en su armario una mujer fantasma. La
otras, las de carne y hueso, no se le dan mal, y por su piso de
soltero impenitente desfila desde hace años un ejército de mujeres
de todo tipo: altas y bajas, rubias y morenas, melancólicas y
risueñas, impetuosas y lánguidas, ágiles y torpes. Algunas tienen
aspecto de guerreras de la noche y otras de bibliotecarias
timoratas, unas pregonan su goce con chillidos exaltados que
retumban en las paredes del dormitorio, y otras viven su disfrute
en un místico recogimiento. Unas arañan como fieras y otras
acarician como si te untaran el cuerpo de mermelada. Pero ninguna
de ellas logra dejar más huella en su vida que su silueta acuñada
en el colchón. Eso sí, no se sabe si por despiste o como ofrenda,
dejan una prenda en su casa. Mi amigo las descubre a la mañana
siguiente, disimuladas entras las sábanas, abandonadas en el sofá o
tiradas en mitad del pasillo, dependiendo de donde comenzara el
ritual del cortejo o les acorralara la pasión. Y las va amontonando
en el armario por si algún día sus dueñas vienen a reclamarlas.</p>

<p>Sin saberlo, esas mujeres trabajan en un proyecto común, pues en
la oscuridad del armario fermenta despacio una mujer fantasma,
construida con sus prendas olvidadas. A veces, mi amigo saca esa
colecta de pertenencias huérfanas y las <img src="/media/5374672/mujerfantasma.jpg" width="305" height="322" alt="Mujerfantasma" style="float: left;"/>distribuye sobre la cama:
el jersey verde, el pañuelo estampado, las medias negras, los
pendientes, incluso el estridente paraguas amarillo de alguna que
debió de mojarse de vuelta a casa. Sabe que hay prendas que jamás
conseguirá a menos que opte por robárselas, pero las que posee son
suficientes para dar pie a su imaginación, y no le cuesta dibujarla
sobre la colcha. Son los puntos cardinales que delimitan un cuerpo
nunca visto ni acariciado, un cuerpo inexistente que existe solo
para él. Y no deja de sorprenderle a mi amigo que las prendas
encajen unas con otras sin estridencias, como si todas
pertenecieran a una misma mujer. Incluso le ha puesto nombre a esa
mujer hecha con retazos de otras muchas cuyos nombres ya ha
olvidado, si es que alguna vez los retuvo. A veces, me pregunto si
no escogerá a sus conquistas dependiendo de la ropa que lleven, de
los accesorios que puedan extraviar en su casa, si no deambulará
por los bares y las discotecas como un ropavejero, en busca de ese
cinturón, de esa pulsera que la mujer fantasma le reclama sin
palabras.</p>

<p>La última vez que estuve en su casa, contemplando cómo miraba
las prendas dispuestas sobre la cama, comprendí que mi amigo, que
nunca se enamora, se estaba enamorando de la mujer fantasma, de esa
mujer que andaba construyendo con infinita paciencia, hecha de
migajas de otras muchas, de las partes que más le gustaron de esos
cuerpos que no quiso amar en su totalidad. Para consolarlo le dije
que no se preocupara, que quien más o quien menos hacemos lo mismo:
todos vamos construyendo sin saberlo un amor fantasma, hecho con
piezas rescatadas de amores pasados o simplemente tomadas de
personas que conocemos, un amor con lo mejor de cada casa. Él
sonrió ante mis palabras y me dijo que ya lo sabía, pues tras la
huida de su última conquista, echaba en falta un calcetín.</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><a href="/autores/autores-destacados/felix-j-palma/">Félix J.
Palma</a></p>

<p>&nbsp;</p>

<p><span style="line-height: 1.5;">&nbsp;</span></p>

<p><span
style="font-size: xx-small; line-height: 1.5;">anikaentrelibros no
se hace responsable del uso de imágenes de los blogueros a partir
del momento en que informa que sólo deben utilizarse aquellas
libres de copyright, con permiso o propias del autor</span></p>
]]></description></item><item><title>Ópera Magna</title><link>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/2/7/34875--pera-magna/</link><pubDate>Fri, 07 Feb 2014 00:00:00 GMT</pubDate><guid>http://anikaentrelibros.com/blogs/felix-j-palma/2014/2/7/34875--pera-magna/</guid><description><![CDATA[ 
<p style="text-align: center;">ÓPERA MAGNA<span
style="line-height: 1.5;">&nbsp;</span></p>

<p style="text-align: center;">Félix J. Palma</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>Permitidme que empiece con una confesión: durante
aproximadamente diez años, estuve viviendo del cuento. Y sin
necesidad de hacer ningún montaje con la Esteban. Me estoy
refiriendo a los certámenes de cuento, por supuesto, que en nuestro
país son muchos, o lo eran en los tiempos anteriores a esta crisis
del demonio, que entre otros males, ha rebajado sustancialmente las
dotaciones de la mayoría de premios literarios o directamente los
ha aniquilado. Pero antes de que <img src="/media/5365190/premios.jpg" width="320" height="240" alt="Premios" style="float: right;"/>cayera sobre nosotros la lima de los
recortes, en los felices noventa existían en España cerca de dos
mil certámenes literarios que repartían la friolera de mil millones
de las antiguas pesetas. Cualquier ayuntamiento, institución,
cofradía o peña poseía su concurso de relatos o sus justas
poéticas, con las que barnizaban de cultura sus fiestas
municipales, divulgaban el nombre del escritor local o
sencillamente publicitaban las bondades del pueblo.</p>

<p>Evidentemente, entre los propósitos de estos certámenes no
estaba ni está el de permitir a quienes tienen cierta destreza con
la pluma poder vivir de ellos hasta lograr publicar en alguna
editorial, pero lo hacen. El curioso mundo de los certámenes de
provincia, que discurre calladamente junto al mundo editorial, tan
impermeable al relato, permite a muchos escritores primerizos
becarse la escritura, por decirlo de algún modo. A mí, como he
dicho antes, me permitieron comer hasta que logré arribar a los
escaparates de las librerías, al igual que a muchos de los amigos
que fui conociendo en aquellos años de escritura casi clandestina.
Todos hacíamos lo mismo: con recogida dedicación y una
incombustible fe en nuestro talento, nos esforzábamos en calzar
nuestras historias en las doce páginas estipuladas, ideábamos
tramas sobre el ferrocarril, la gastronomía, el medio ambiente, el
mar o la Sierra de Segura -porque en los concursos temáticos había
menos competencia-, hacíamos cola en Correos emboscados tras
docenas de sobres, y luego, cuando sonaba la flauta, recorríamos
España en pos de una placa o diploma con nuestro apellido
equivocado, y si había suerte, volvíamos también con un talón que
nos eximiera de tener que consultar la cuenta corriente <img src="/media/5365195/operamagna.jpg" width="246" height="382" alt="Opera Magna" style="float: left;"/>esperando el anhelado ingreso, al que bastaba un
baile de concejales para demorarse desesperantemente o incluso no
producirse</p>

<p>Y era aquel un mundo tan fotogénico, tan rebosante de anécdotas,
de leyendas entre delirantes y casposas, que inevitablemente
acabábamos hablando de escribir alguna novela centrada en él. Una
novela que captara la idiosincrasia de un mundo que intuíamos
terriblemente exótico para los de fuera. Con un amigo, incluso
llegué a esbozar una historia en la que un restaurante organizaba
un premio de cuento gastronómico para escritores con sobrepeso con
el único fin de comerse al premiado. Pero en el fondo, todos
sabíamos que, para quien no se hubiese zambullido nunca en ese
curioso mundo, sería una novela aburrida y carente de atractivo,
pudiera ser que incluso llena de escenas inverosímiles.</p>

<p>Bien, todos nos equivocamos. Novelizar ese mundo es posible. El
escritor <a href="/autores/v/vicente-marco">Vicente Marco</a>, que
también ha fondeado en las turbias aguas de los premios de pueblo,
lo ha hecho. Y lo ha hecho de manera magistral. Consciente tal vez
de lo poco interesante que le resultaría al profano, no se ha
limitado a retratar dicho mundillo, sino que lo ha trascendido,
usándolo como estribo para auparse a una historia de amistades
peligrosas. El resultado es una novela que se lee en un par de
tardes, gracias a una historia cautivadora sembrada de vueltas de
tuerca y a una escritura minimalista, punzante, rápida. Yo la
devoré entre el regocijo y la envidia, fascinado de tener entre las
manos un mecanismo de relojería donde cada pieza encajaba en su
lugar exacto. "Ópera Magna", que así se llama la obra, ha sido
merecedora del último Premio Jaén de Novela, y no debería pasar
desapercibida entre la hojarasca de publicaciones que cubren las
mesas de las librerías. Además, el escritor valenciano la dedica a
sus compañeros de fatigas, es decir, a quienes como yo, nos hemos
mantenido a flote gracias a los premios literarios. En palabras del
propio Marco:&nbsp; "a todos aquellos escritores cuya magnífica
literatura nace y muere en los concursos y certámenes".</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><a href="/autores/autores-destacados/felix-j-palma/">Félix J.
Palma</a></p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p>&nbsp;</p>

<p><span style="font-size: xx-small;">anikaentrelibros no se hace
responsable del uso de imágenes de los blogueros a partir del
momento en que informa que sólo deben utilizarse aquellas libres de
copyright, con permiso o propias del autor</span></p>
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